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La Inversión Extranjera Directa (IED) se refiere a la colocación de capital, por lo general, a largo plazo que realiza un Estado o persona natural o jurídica extranjera, esta última en la figura de empresas públicas, privadas e instituciones, o incluso puede tratarse de una persona nacional residenciada en el exterior, a través de una vía que establece la ley en algún lugar del mundo con la finalidad de internacionalizarse.

Esta colocación de capitales se realiza para la creación de nuevas empresas o plantas agrícolas, industriales y de servicios o también para participar y expandir empresas ya establecidas y hacerlas filial de la compañía inversora. En cualquier caso, para Latinoamérica esto constituye una forma de estimular el proceso productivo y por ende una fuente de trabajo para la población.

Objetivos de la Inversión Extranjera Directa

A pesar de que la mayoría de razones para la IED están agrupados bajo tres objetivos como lo son: la participación en nuevos mercados, reducir costos y por ende aumentar la eficiencia productiva y la explotación de activos estratégicos, actualmente, la IED se lleva a cabo también en economías que ofrecen ventajas comerciales o de localización geográfica, para penetrar en un mercado más amplio.

Por ejemplo, el caso de Panamá, su ubicación geográfica permite acceder este país de forma directa desde siete de las principales ciudades de Estados Unidos, adicionalmente, en este se ubica la vía de navegación interoceánica (canal de Panamá) cuyo flujo comercial ha promovido que los porcentajes de entrada de IED durante el 2017 asciendan a más del 47 por ciento del total que recibe la región Centroamericana.

En cuanto a las ventajas comerciales para la IED, vemos el caso de México que ofrece el acceso a terceros países mediante sus acuerdos comerciales. Su participación por ejemplo en el Tratado de Libre Comercio de América del Norte permite que los inversores accedan también el mercado norteamericano y canadiense.

¿Cuáles han sido los resultados de la IED?

La inversión extranjera directa (IED) en Latinoamérica y el Caribe, en promedio, cayó en el 2017 por tercer año consecutivo, alcanzo 161.673 millones de dólares, lo cual representa un 3,6 por ciento menos que el año 2016, a pesar del crecimiento mundial de la economía y los altos rendimientos y beneficios que obtuvieron las grandes empresas.

Las caídas mayores en IED se presentaron en Brasil y Chile y en menor medida en México. Sin embargo, en Centroamérica la IED subió a 13.083 millones de dólares, tendencia que ha mantenido durante los últimos ocho años.

Dentro de Centroamérica como ya hemos mencionado se destaca Panamá, país que ha recibido una IED en el 2017 que asciende a 6.066 millones de dólares. Los resultados en el Caribe de IED también tendieron al alza, registrándose un aumento del 20 por ciento en el 2017 para llegar a 5.835 millones de dólares, más la mitad de esta IED se realizó en República Dominicana, en el área turística.

Como dato curioso, el informe de la CEPAL del 2017 señala que la IED de Estados Unidos se centra en México y Centroamérica, mientras la Unión Europea realiza sus IED en los países de América del Sur.

También en la última década, Colombia y México han tenido participación en los ingresos por IED en Centroamérica, siendo enfocados en el área de servicios turísticos. Otro dato importante es la recomposición que viene teniendo la IED en Latinoamérica desde el 2011 cuando prácticamente estaba focalizada al sector de recursos naturales, disminuyendo en la actualidad en un 63 por ciento; esta situación brinda la oportunidad de enfocarse en aquellas inversiones capaces de impulsar el cambio estructural y el desarrollo sostenible, tales como las energías renovables, automóviles y telecomunicaciones con la finalidad de, no solo crear empleos, sino también mejorar las capacidades locales y generar sinergia con proveedores tanto locales como regionales.

Realidades de la IED

Además de los objetivos que motivan la IED, en los países receptores de esta inversión deben existir factores institucionales y políticos que incentiven, faciliten y garanticen la solvencia y seguridad jurídica de estas inversiones. Estos factores juegan un papel importante en la determinación de los flujos de IED ya que pueden convertirse en habilitantes o en restricciones para la misma. Adicionalmente, las políticas públicas deberán contemplar la transferencia de conocimientos y tecnologías; los países que realizan la IED por lo general, son los más competitivos y ese valor agregado en la manufactura, innovación y tecnología debe transferirse para habilitar el crecimiento sostenible de los países receptores de la IED.

Esto es muy importante ya que la experiencia ha mostrado que no siempre la IED genera un proceso productivo y empleos, y la que la transferencia solo se da si contribuye a maximizar el beneficio de la empresa trasnacional, ejemplo de esto lo constituye Telefónica Movistar en Perú donde la restructuración llevada a cabo entre 1.994 y 2.001 trajo como consecuencia el despido de más de 9.000 trabajadores de la anterior empresa pública de telefonía.

En este sentido, toma vigencia lo declarado por Alicia Bárcena, Secretaria Ejecutiva de la CEPAL durante la presentación del Informe sobre la IED en América Latina, “No se trata simplemente de crear las condiciones para que lleguen capitales extranjeros, sino para que las inversiones se vuelvan fuentes generadoras de derrames tecnológicos y productivos, de empleo, y para que se orienten hacia un crecimiento económico sostenido, inclusivo y sostenible”.

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